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martes, 17 de mayo de 2011

Las leyendas

Una narración es un texto en el que alguien (un narrador) cuenta unos hechos reales o imaginarios que les suceden a unos personajes. 

Hay distintos tipos de narración. En literatura, las principales modalidades narrativas son: la leyenda, el mito, la fábula, el cuento y la novela. También existen narraciones en verso.

La narrativa es el género literario que engloba o abarca los distintos tipos de narración.

La narrativa no sólo está presente en la literatura; también en otros campos del arte, la comunicación y el entretenimiento se cuentan historias o se diseñan estructuras narrativas. Cuando lees un cómic, miras la televisión, ves una peli en el cine o juegas con un videojuego, te están contando una historia a través de un guión.

Ahora toca aprender algo más sobre una de estas modalidades narrativas: la leyenda.

Una leyenda es una narración literaria breve que trata un tema de la vida real -un personaje o un hecho histórico, un lugar especial, un objeto- al que se añaden elementos fantásticos o maravillosos.

Mientras que el cuento se desarrolla dentro de un tiempo y un lugar inventados o imaginarios (por ejemplo, el Castillo de irás y no volverás) , la leyenda se sitúa habitualmente en un lugar y un tiempo precisos y reales; al igual que el mito, intenta dar sentido a acontecimientos reales o explicar lo que resulta incomprensible para una determinada cultura y presenta a menudo criaturas cuya existencia no ha sido probada (las sirenas, por ejemplo).


La isla de San Borondón
Cuenta la leyenda que un monje del siglo VI de nombre Brandán o Borondón, viajero incansable e intrépido, partió acompañado por otros monjes en una modesta embarcación con la que se adentró en el Mar Tenebroso, hoy conocido como océano Atlántico. Iba en busca del Paraíso Terrenal.
Fue su primo, un ermitaño llamado Barinthus, quien le habló de la existencia de ese lugar maravilloso donde vivió Adán el primero y donde Dios permitía a sus santos vivir después de la muerte. En aquella tierra abundaban las flores y los árboles frutales y su suelo estaba cuajado de piedras preciosas. Tan impresionado quedó San Brandán con el relato, que al día siguiente propuso a San Maclovio y otros catorce de sus discípulos emprender viaje en busca de aquella Tierra Prometida. 

Durante siete años navegaron por el Atlántico y se enfrentaron todo tipo de adversidades, desde feroces tormentas hasta temibles y enormes monstruos marinos que pretendían devorarlos. Arribaron a muchas y muy extrañas islas, como la de San Albeus, donde vivían veinticuatro monjes que no pronunciaban palabra desde hacía ocho años. O la isla de las viñas, cuyas uvas eran del tamaño de manzanas y bastaba una de ellas para alimentar a un hombre durante todo un día. 
Vieron también durante la travesía una fabulosa columna de cristal que permanecía de pie en medio del océano. Encontraron demonios, pigmeos, gatos marinos y serpientes, dragones, buitres y ángeles. En una de las tres islas volcánicas que avistaron, descubrieron a Judas sentado en una roca arrepentido. Otra estaba habitada sólo por grandes ovejas blancas. Y aún divisaron otra que a la que llamaron Paraíso de los Pájaros, en la que los árboles no tenían hojas, sino menudas criaturas cubiertas de plumas que se colgaban de las ramas por el pico.
Pero ocurrió que un día, tras duras jornadas de viaje, divisaron a lo lejos la más extraña de ellas: una isla que parecía haber surgido milagrosamente del fondo del mar. Sin pensarlo dos veces desembarcaron para descansar y recoger víveres. Mucho les llamó la atención lo raro del terreno y su increíble vegetación, pero no le dieron mayor importancia. Cogieron para guisarla la carne que habían guardado en la nave y cortaron leña para el fuego.  

De repente, tras la comida, el suelo empezó a moverse y todos gritaron despavoridos, llenos de temor corrieron en todas direcciones, la isla entera temblaba y se iba alejando del barco. Calmó como pudo San Brandán a sus hombres, recogieron las provisiones y a duras penas embarcaron de nuevo. Ya a lo lejos, contemplaron el lugar donde habían estado, que, como una engañosa ballena, acabó por hundirse de nuevo en el océano ante el asombro y la maravilla de todos.

Este lugar, no es otro que la conocida como isla fantasma de San Borondón que, tiempo después, fue situada entre las Islas Canarias y considerada la octava isla del archipiélago.
Aún hoy es posible divisarla en el horizonte, pero cuando los navegantes pretenden acercarse a ella, la niebla la envuelve y desaparece sin dejar rastro.


(Fuentes: sobreleyendas.com, laisladescubierta.net y otras)

La leyenda es una expresión literaria muy antigua, que tiene su origen en la tradición oral y en la que hechos verdaderos coexisten con otros fabulosos. Las leyendas más antiguas que se conocen provienen de la India, pero se cree que todos los pueblos han desarrollado en algún momento de su historia este tipo de literatura.

Cuenta la leyenda que, con motivo del diluvio, Noé subió a su arca a todos los animales; pero a los gatos no los embarcó, pues no existían.
En el arca, como es lógico, había ratas y ratones que se pasaban la mayor parte del tiempo comiéndose la comida del bueno de Noé. Éste, bastante enfadado, pidió a Dios que le mandara algún remedio para resolver el problema. El Señor escuchó su plegaria y le indicó que debía acariciar tres veces la cabeza del león.
Tras hacer Noé lo que Dios le dijo, el fiero león estornudó y de las narices del felino salieron unos diminutos gatitos que enseguida comenzaron a cazar. Los ratones y las ratas, desesperados, se ocultaron en los agujeros, su lugar preferido para ponerse a salvo de los gatos.
-¡Menos mal, buen Dios!- exclamó satisfecho Noé.

(Leyenda Hebrea)

Las leyendas se transmiten habitualmente de padres a hijos, casi siempre de forma oral. Con el paso del tiempo, al transmitirse de generación en generación, cambian o presentan versiones diferentes en las que se suprimen, añaden o modifican partes del relato original.

Muchas de las leyendas más antiguas son relatos que pretenden explicar un fenómeno natural -como las tempestades, los lagos, los terremotos- contando una historia fantástica.


Gnowee
Gnowee, llegó a la Tierra cuando todo era oscuridad.
Trajo con ella a su hijo y a muchos otros familiares y amigos, y trajo también el fuego, que debía ayudarles a soportar el frío y las tinieblas.
Sin luz, la vida era muy difícil de sobrellevar. Muchos de los llegados con Gnowee, enfermaron y murieron pronto. Los que no estaban enfermos, encendían antorchas y salían en busca de alimentos que apenas les llegaban para subsistir.
Un día, mientras Gnowee estaba en los campos recogiendo frutos y raíces, su hijo salió de la gruta en que se refugiaban y se perdió en la noche inacabable.
Al saberlo Gnowee, loca de dolor, encendió una gran antorcha y recorrió toda la tierra conocida sin lograr encontrar a su pequeño.
Quería iluminarlo todo, quería ver cada rincón, quería ver detrás de los árboles, quería ver los recodos de los caminos y quería ver entre la maleza de los campos.
Tanto y tanto deseaba la luz, que en un supremo esfuerzo, se elevó por los aires y el fuego de su antorcha pudo al fin iluminar toda la Tierra.
Pero Gnowee no ha encontrado a su hijo. Por eso cada mañana, sube al cielo con su gran antorcha encendida en las manos y sigue buscando.
Sólo cuando la vence el sueño, desciende a la tierra para descansar y entonces vuelve otra vez la oscuridad.

(Leyenda australiana)

Otras leyendas se basan en sucesos y personajes históricos.


Lady Godiva
Godgifu o Godgyfu (principios del siglo XI), es el nombre anglosajón de Lady Godiva, cuyo significado es Regalo de Dios. Lady Godiva existió realmente y fue esposa de Leofric, conde de Chester y Mercia, señor de Coventry.
Durante el reinado de Eduardo el Confesor, Inglaterra estaba sumida en una crisis económica de grandes proporciones. El pueblo de Coventry era totalmente ignorado por Leofric, sus habitantes le habían pedido a su señor que intercediera ante el rey para evitar nuevas subidas de los impuestos, pero Leofric, por el contrario, decidió subirlos aún más. Era un hombre avaricioso e implacable. Su esposa, sin embargo, observaba con tristeza y preocupación el sufrimiento de sus súbditos.

Un día, después de una copiosa cena, Leofric, borracho, le hizo una propuesta a Godiva: “Si tú te paseas desnuda por todo el pueblo, yo bajaré los impuestos”. 
En el siglo XI, ninguna mujer aceptaría algo así: acabaría deshonrada, desterrada y repudiada, considerada prostituta o loca. Pero Lady Godiva, ante el asombro de Leofric, aceptó sin pensárselo.
Se hizo correr la voz de lo que iba a acontecer en el pueblo y los aldeanos acordaron que se encerrarían en sus casas, con las ventanas y puertas cerradas, para no ver a su señora humillada y desnuda y no perturbarla en lo que, para ella, iba a ser el momento más duro de su vida.
Y así lo hicieron. Leofric no tuvo más remedio que bajar los impuestos mejorando así la calidad de vida de Coventry. Gracias a la valentía de Lady Godiva la ciudad prosperó y salió de la miseria y Leofric se convirtió en un gran administrador respetado por todos.


(Leyenda anglosajona)

También hay leyendas que sólo son fruto de la imaginación popular.


¡Strigoi!
En Rumanía no todos los vampiros están muertos. Algunos respiran y solo se diferencian de las personas normales en que por las noches su alma abandona el cuerpo y vuela en forma de mariposa, polilla o pequeña luciérnaga. Bajo esta forma pueden absorber la energía de humanos y de animales domésticos y cometer todo tipo de maldades.
Ocurrió una vez en Siret, cerca de la frontera con Ucrania, que tres soldados viajaban en carreta junto a un anciano, buscando algún lugar en el que conseguir un poco de comida. Se había hecho ya de noche, por lo que pararon en una casa solitaria que se erguía al lado del camino en un claro del bosque.
La mujer de la casa los recibió con amabilidad. Invitó a los soldados y al anciano a pasar a la cocina y le sirvió a cada uno un cuenco de pudin de maíz, tras lo cual abandonó su compañía, diciendo que tenía otras labores de las que ocuparse.
Cuando terminaron de comer, los soldados quisieron buscar a la buena mujer para darle las gracias, pero esta no aparecía en ninguna de las habitaciones de la casa. Decidieron entonces subir al desván, a ver si se encontraba allí. Al entrar, la vieron tirada en el suelo junto a otras seis personas.
Ninguno de los cuerpos se movía lo más mínimo; estaban como paralizados, con la mirada fija en el techo y la boca abierta. Había mucho de antinatural en su inmovilidad, parecían cáscaras vacías, casi cadáveres.
―¡Strigoi! ― exclamó el anciano con horror.
Él y los soldados huyeron escaleras abajo, montaron en la carreta y se alejaron de la casa lo más deprisa que podían. Cuando, ya a una distancia prudencial, volvieron la vista atrás, vieron cómo siete pequeñas luces salían de detrás de la casa y se dirigían camino arriba hacia ellos.
Eran estas las almas de los vampiros. Si los soldados le hubieran dado la vuelta a los siete cuerpos del desván, nunca hubieran podido volver a entrar en ellos.
Según la tradición, las almas de los vampiros vivientes se reúnen con los vampiros muertos a las afueras de los pueblos, allí en donde no se oye el canto del cuco ni el ladrido del perro, y aprenden de ellos gran cantidad de conjuros y hechizos maléficos, y unos y otros se reparten las personas a las que planean hacer daño como si estas fuesen cabezas de ganado. Los campesinos rumanos no distinguen entre un tipo u otro de vampiro, y a ambos los denominan con la misma palabra.


Agnes Mugorci, "The Vampire In Roumania", Folklore, nº37, 1926.

Sucesos maravillosos que se quieren hacer pasar por verdaderos o sucesos históricos con ingredientes fantásticos de creación colectiva. En las leyendas se antepone la imaginación a la precisión histórica y están generalmente relacionadas con una persona, una comunidad, un momento, un lugar o un acontecimiento cuyo origen se pretende explicar.

A menudo los relatos se agrupan en ciclos sobre un único personaje, como sucede con los ciclos de leyendas en torno a Robin Hood, el Cid Campeador o Bernardo del Carpio.


Las leyendas pueden ser populares (de creación más o menos espontánea y anónima) o cultas (creadas o reelaboradas por un autor conocido*). Pueden también haber sido inicialmente cultas, tener éxito, conseguir después una gran popularidad y pasar finalmente a la tradición oral. 
*Durante el Romanticismo, por ejemplo, varios autores conocidos escribieron leyendas tanto en prosa como en verso; los más celebrados fueron Ángel de Saavedra, José Zorrilla, Gustavo Adolfo Bécquer y José Joaquín de Mora.

En cualquier caso, las leyendas constituyen la historia no escrita sobre los fenómenos naturales, lugares, personajes, objetos o acontecimientos que han sido importantes para una comunidad y que forman parte de su identidad y su cultura.

Actividades

Unas sencillas y reveladoras actividades te ayudarán a comprender más cosas sobre la literatura tradicional:

Mitos y leyendas

Para leer leyendas, y comentarlas luego en clase, hay infinidad de páginas web. Desde aquí puedes acceder a algunas de las mejores:

Mitos y leyendas
Leyendas de España (1)
Leyendas de España (2)
Sobre leyendas


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jueves, 2 de diciembre de 2010

Los géneros literarios

Cuando un escritor decide crear una obra literaria lo hace con intenciones muy diversas, pero casi siempre sus textos responden a alguno de estos cuatro impulsos: 
  • expresar qué sucede en su mundo interior (punto de vista lírico) 
  • contar lo que hacen y lo que les pasa a unos personajes imaginarios (punto de vista épico) 
  • crear personajes que muestran, dialogando sobre un escenario y ante espectadores, lo que hacen o lo que les sucede (punto de vista dramático)
  • enseñar algo, transmitir un conocimiento que considera útil para los demás (punto de vista didáctico)
Estas distintas perspectivas dan lugar a los distintos géneros literarios: género lírico, género épico (o narrativo), género dramático (teatro) y género didáctico. Son las cuatro grandes categorías en que pueden distribuirse todas las obras literarias escritas a lo largo de la historia.

  • Género lírico. La lírica es el género literario en el que el autor expresa su visión personal de las cosas, es decir, escribe sobre su mundo interior, sus sentimientos y emociones. En la lírica, el significado de las palabras se apoya en la musicalidad del lenguaje, es la unión entre la música y la palabra. Por eso la lírica se expresa generalmente a través del verso.

     
     
    La máxima expresión del género lírico es el poema. El poema es un conjunto de versos reunidos en estrofas.    
    Pirata de mar y cielo,
    si no fui ya, lo seré.

    Si no robé la aurora de los mares,
    si no la robé,
    ya la robaré.

    Pirata de cielo y mar,
    sobre un cazatorpederos,
    con seis fuertes marineros,
    alternos, de tres en tres.

    Si no robé la aurora de los cielos,
    si no la robé,
    ya la robaré.
    Los rasgos más importantes de la lírica son la musicalidad, el simbolismo y la evocación.
  • Género dramático o teatral. Es aquel en que sólo hablan los personajes. Está constituido por obras literarias que se crean para ser representadas en un escenario ante el público. De ahí que, además del autor, tanto el director como el escenógrafo o los actores jueguen un papel esencial en la transmisión del mensaje.g  
    Los subgéneros más importantes del género dramático son la tragedia, la comedia y la tragicomedia, que a partir del siglo XVIII se denomina drama. Otros subgéneros dramáticos menores son el entremés y el sainete, que son piezas breves cómicas, y el auto sacramental.
    n
    f
    (Aparece Rosita. Viene vestida de rosa. Ya la moda ha cambiado ... Falda en forma de campanela. Atraviesa la escena, rápida, con unas tijeras en la mano. En el centro, se para.) 
    ROSITA. ¿Ha llegado el cartero? 
    TÍO. ¿Ha llegado? 
    TÍA. No sé. (A voces.) ¿Ha llegado el cartero? (Pausa.) No, todavía, no. 
    ROSITA. Siempre pasa a estas horas. 
    TÍO. Hace rato debió llegar. 
    TÍA. Es que muchas veces se entretiene. 
    ROSITA. El otro día me lo encontré jugando al uni-uni-dolidoli con tres chicos y todo el montón de cartas en el suelo. 
    TÍA. Ya vendrá. 
    ROSITA. Avisadme. (Sale rápida.) 
    TÍO. ¿Pero dónde vas con esas tijeras? 
    ROSITA. Voy a cortar unas rosas. 
    TÍO. (Asombrado.) ¿Cómo? ¿Y quién te ha dado permiso? 
    TÍA. Yo. Es el día de su santo. 
    ROSITA. Quiero poner en las jardineras y en el florero de la entrada. 
    TÍO. Cada vez que cortáis una rosa es como si me cortaseis un dedo. Ya se que es igual. (Mirando a su Mujer.) No quiero discutir. Sé que duran poco. (Entra el Ama.) Así lo dice el vals de las rosas, que es una de las composiciones más bonitas de estos tiempos, pero no puedo reprimir el disgusto que me produce verlas en los búcaros. (Sale de escena.) 
    ROSITA. (Al Ama.) ¿Vino el correo? 
    AMA. Pues para lo único que sirven las rosas es para adornar las habitaciones. ROSITA. (Irritada.) Te he preguntado si ha venido el correo. 
    AMA. (Irritada.) ¿Es que me guardo yo las cartas cuando vienen? 
    TÍA. Anda, corta las flores. (...) (Sale de escena.) 
    TÍA. ¿Estás contenta? 
    ROSITA. No sé. 
    TÍA. ¿Y eso? 
    ROSITA. Cuando no veo a la gente estoy contenta, pero como la tengo que ver... 
    TÍA. ¡Claro! No me gusta la vida que llevas. Tu novio no te exige que seas hurona. Siempre me dice en las cartas que salgas. 
    ROSITA. Pero es que en la calle noto cómo pasa el tiempo y no quiero perder las ilusiones. Ya han hecho otra casa nueva en la placeta. No quiero enterarme de cómo pasa el tiempo. 
    TÍA. ¡Claro! Muchas veces te he aconsejado que escribas a tu primo y te cases aquí con otro. Tú eres alegre. Yo sé que hay muchachos y hombres maduros enamorados de ti. 
    ROSITA. ¡Pero tía! Tengo las raíces muy hondas, muy bien hincadas en mi sentimiento. Si no viera a la gente, me creería que hace una semana que se marchó. Yo espero como el primer día. Además, ¿qué es un año, ni dos, ni cinco? (Suena una campanilla.) El correo.
  • Género narrativo o épico. En la vida diaria, cuando contamos algo que nos ha sucedido o que hemos soñado o cuando contamos un cuento, estamos haciendo una narración. Una narración es el relato de unos hechos reales o imaginarios que les suceden a unos personajes. 
  • Pertenecen al género narrativo las obras en las que una voz, el narrador, relata historias de un mundo de ficción.
    Si bien hoy día las narraciones literarias se hacen en prosa, en otras épocas se utilizó con frecuencia el verso.
Textos narrativos en verso
Epopeya: narra las acciones de héroes antiguos y expresa las creencias religiosas, sociales y morales de una nación. Cantar de gesta: es una narración en verso característica de la Edad Media, se encargaban de transmitirlo unos recitadores llamados juglares. El romance es un subgénero de estos cantares. Poema épico: es el que se compone desde el Renacimiento a imitación de los escritores de la antigüedad clásica, sobre todo de Virgilio. Puede tratar temas históricos o fabulosos, o mezclar ambos.
b
Textos narrativos en prosa
Novela: es un relato en prosa, extenso y complejo, que narra sucesos imaginarios pero parecidos a la realidad. Cuento: es un relato breve que suele tener elementos fantásticos. 


    Estaban obstinados en que su padre los llevara a conocer la portentosa novedad de los sabios de Memphis, anunciada a la entrada de una tienda que, según decían, perteneció al rey Salomón. Tanto insistieron, que José Arcadio Buendía pagó los treinta reales y los condujo hasta el centro de la carpa, donde había un gigante de torso peludo y cabeza rapada, con un anillo de cobre en la nariz y una pesada cadena de hierro en el tobillo, custodiando un cofre de pirata. Al ser destapado por el gigante, el cofre dejó escapar un aliento glacial. Dentro sólo había un enorme bloque transparente, con infinitas agujas internas en las cuales se despedazaba en estrellas de colores la claridad del crepúsculo. Desconcertado, sabiendo que los niños esperaban una explicación inmediata, José Arcadio Buendía se atrevió a murmurar:
    -Es el diamante más grande del mundo.
    -No -corrigió el gitano-. Es hielo.
    José Arcadio Buendía, sin entender, extendió la mano hacia el témpano, pero el gigante se la apartó. «Cinco reales más para tocarlo», dijo. José Arcadio Buendía los pagó, y entonces puso la mano sobre el hielo (...) «Está hirviendo», exclamó asustado.

  • Género didáctico A partir del siglo XVIII se añadió este nuevo género con el cual quienes tenían intención de enseñar se servían de recursos propios de la literatura.  
    Pertenecen al género didáctico:
    Los diálogos y coloquios: formalmente pertenecen al género dramático, pues sólo hablan los personajes. Fueron característicos de la Antigüedad y del Renacimiento y podían tratar sobre cualquier materia. 
    El ensayo: es una reflexión más o menos breve, ingeniosa y entretenida, que puede tratar sobre cualquier materia, pero siempre desde el punto de vista del autor.
    Actividades

    Para imprimir y estudiar: 
    Actividades interactivas:
                                                                 

      martes, 26 de octubre de 2010

      Los textos literarios. Arte y literatura

      Los textos literarios son todos aquellos en los que un autor o una autora utiliza la palabra para expresarse creando mundos imaginarios.



      Para ello utiliza la prosa (cuentos y novelas), los versos (poesía) y los diálogos directos (teatro).

                     En un agujero en el suelo, vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio,
                     repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco,
                     desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hobbit,
                     y eso significa comodidad.
                     Tenía una puerta redonda, perfecta como un ojo de buey, pintada de verde, con
                     una manilla de bronce dorada y brillante justo en el medio. La puerta se abría a un
                     vestíbulo cilíndrico, como un túnel: un túnel muy cómodo, sin humos, con paredes
                     revestidas de madera y suelos enlosados y alfombrados, provisto de sillas
                     barnizadas y montones y montones de perchas para sombreros y abrigos; el
                     hobbit era aficionado a las visitas. El túnel se extendía serpeando y penetraba
                     bastante, pero no directamente, en la ladera de la colina, muchas puertecitas
                     redondas se abrían en él, primero a un lado y luego al otro. Nada de subir
                     escaleras para el hobbit: dormitorios, cuartos de baño, bodegas, despensas
                     (muchas), armarios (habitaciones enteras dedicadas a ropa), cocinasy comedores,
                     se encontraban en la misma planta, y, en verdad, en el mismo pasillo. Las mejores
                     habitaciones estaban todas a la izquierda de la puerta principal, pues eran las
                     únicas que tenían ventanas, ventanas redondas, profundamente excavadas, que
                     miraban al jardín y a los prados de más allá, camino del río.
                                                                                                          

                                                                                                          J.R.R. Tolkien, El Hobbit.

                     
                     Es mediodía. Un parque.
                     Invierno. Blancas sendas;
                     simétricos montículos
                     y ramas esqueléticas.
                     Bajo el invernadero,
                     naranjos en maceta,
                     y en su tonel, pintado
                     de verde, la palmera.
                     Un viejecillo dice
                     para su capa vieja:
                     "¡El sol, esta hermosura
                     de sol...!" Los niños juegan.
                     El agua de la fuente
                     resbala, corre y sueña
                     lamiendo, casi muda,
                     la verdinosa piedra.

                                                                                                         Antonio Machado


      PADRE. (Entrando). ¡Hija mía, felicidad completa! ¡Acabo de concertar tu boda!
      ROSITA. ¡Cuánto te lo agradezco! ¡Y Cocoliche cuánto te lo agradecerá! Ahora mismo...
      PADRE. ¡Qué Cocoliche ni qué niño muerto! ¿Qué estás diciendo? Yo he dado tu mano a don Cristobita el de la porra, que acaba de pasar en su carroza por ahí.
      ROSITA. Pues no quiero, no quiero, ¡ea! Y lo que es mi mano, de ninguna manera me la quitas. Yo tenía mi novio... ¡Y tiró el collar!
      PADRE. Pues no hay más remedio. Ese hombre tiene mucho oro y a mí me conviene, porque si no, mañana tendríamos que pedir limosna.
      ROSITA. Pues pedimos.
      PADRE. Aquí mando yo, que soy el padre. Lo dicho, dicho, y cartuchera en el cañón. No hay que hablar más.
      ROSITA. Es que yo...
      PADRE. ¡Silencio !
      ROSITA. Pues a mí...
      PADRE. ¡Chitón! (Se va).
      ROSITA. ¡Ay, ay! ¡Digo! Dispone de mí y de mi mano y no tengo más remedio que aguantarme porque lo manda la ley (Llora). También la ley podía haberse estado en su casa. Si al menos pudiera vender mi alma al diablo. (Gritando). ¡Diablo, sal, diablo, sal, que yo no quiero casarme con Cristobita!

                             Federico García Lorca, Los títeres de Cachiporra. Tragicomedia de don Cristóbal y la señá Rosita.


      Literatura es, ante todo, comunicación: a través de la literatura se transmite una información. Sin embargo, se trata de un tipo de comunicación especial en la que el emisor (el autor o autora de la obra literaria) se comunica artísticamente contigo.

      Los textos literarios son fáciles de reconocer porque:

      1. Presentan un mundo de ficción, un mundo imaginario, donde todo es posible. En efecto, mientras que una noticia o un texto científico informan sobre el mundo real, los autores literarios suelen inventar personajes, lugares y acciones ficticios, que se pueden parecer mucho a la realidad, pero son imaginarios.

      2. En ellos se hace un uso especial del lenguaje. Aunque la lengua empleada en la literatura y en la vida cotidiana es la misma, no se utiliza de la misma manera. El texto literario tiene una forma que atrae nuestra atención, es lo que se denomina extrañamiento; el autor crea en el lector una sensación de extrañeza porque se comunica con él de una forma que no es la habitual. Ese uso especial del lenguaje es lo que se llama lenguaje literario.

      3. Tienen una intención estética o artística; es decir, la persona que escribe una obra literaria quiere crear arte a través de la palabra. Por eso, a veces, tenemos que hacer un esfuerzo especial para entenderlos.




      Finalidad de la literatura

      La obra literaria, como cualquier otra obra de arte, está hecha para que disfrutemos con ella. El escritor quiere que te entretengas o te emociones con lo que ha escrito. 
      La literatura busca ante todo un placer estético. Esto no quiere decir que las obras literarias no puedan presentar otras intenciones; de hecho, con frecuencia las obras literarias muestran situaciones y problemas que nos sirven de enseñanza y nos hacen reflexionar.



      (Fuente: Kalipedia)